jueves, abril 26, 2012

trece.

domingo, abril 22, 2012

Shoj




 

- Cuando traigas mis cosas te dejo un dvd con nuestras fotos. Beso. Hasta siempre. last sms

- Gracias. Nunca te apagues. Te quiero mucho.

- Yo a vos, mucho.

jueves, abril 05, 2012

aguas calientes



A pesar de lo excesivo de su oferta turística, del empacho visual que genera ver un hostal junto a un restaurante, junto a otro restaurante, junto a otro hostal, junto al cual se venden artículos regionales –como ocurre en casi todos los negocios de la calle principal-… A pesar de lo bullicioso y aparentemente banal, la pequeña ciudad-pendiente junto al río sabe albergar cierta calidez. ¿Será acaso por la estrechez de sus calles, la abundante vegetación pre-selvática, el cruce de las vías del tren...? ¿Por el mismo río, quizás? ¿O será simplemente que yo he aprendido a encariñarme, a sentirme a gusto vagando sin rumbo (y probablemente en forma circular) por su acotado recorrido?

No me agradaría pasar la noche en otra de estas hosterías de tono depresivo –tengo un problema personal con eso, lo sé- pero aún así me cuesta asumir que en horas voy a tomar ese tren que me alejará de todo esto vaya uno a saber hasta cuándo. Dicho sea de paso, la sensación del “quizás nunca más” me provoca cierta aflicción con la que aún hoy, a la edad de veinticinco años, no he aprendido a lidiar.

sábado, marzo 31, 2012

Ausente



Una mentira, tras otra (tras otra) y en el marco de otra gran mentira, llevaron a que Martín pasara la noche en casa de Javier. Y no hay mentira, por más verosímil o absurda que suene, que no tenga una contraparte: la contraparte del que elige creer. Javier, "el profe", que elige creer que el intacto ojo de Martín Blanco  realmente está herido en alguna remota parte del interior de su párpado; que la casa de Juan Pablo, que por eso la abuela no está en casa, que las llaves y el teléfono -apagado- en manos de Juan Pablo. Que, por alguna razón, ese día ambos estaban destinados a permanecer juntos, aislados.

- Está bien, Martín. Hagamos una cosa. Esta noche te quedás en casa. Nos pedimos una pizza -tranca-, te armo algo en el sillón y mañana a la mañana hacemos como si nada.

(...)

- Gracias, profe.



Sábado 13/08/11. "Ausente", de Marco Berger.









martes, marzo 27, 2012

ahogado al final.


¿Llevas la ropa planchada, Kōzume? ¿El pelo bien limpio? ¿Tus dientes brillan hoy como el amanecer en las alturas? ¿Has vuelto a perfumarte con el olor del agua fresca que juntos hemos visto correr?
Me preocupa un poco cuando siento que esa música va deshaciendo en hilachas tus entrañas. La siento carcomerte mientras tú así, tan pulcro. Me preocupa que de un momento a otro vayas a ensuciarte -¿qué será entonces de la pulcritud en su concepto?

martes, febrero 21, 2012

Instrucciones imprescindibles de una heladera


Con respecto a la utilización de los manuales de uso hay múltiples tendencias. Hay, por ejemplo, quienes los leen en todo su contenido, con disciplina religiosa y en general en voz alta, repitiendo en silabeo aquellos términos técnicos que interfieren con su interpretación. También hay quienes siquiera intentan sacarlo de su envoltorio de celofán (por extrema pulcritud o, más probablemente, pereza). Otras personas de esta misma calaña saben sentir el peso de la culpa pero aún son dominados por su desgano, con lo cual quitan el envoltorio del manual, ojean parte del contenido, se detienen a mirar detalladamente algún esquema poco comprensible, y vuelven a guardar el librillo en el algo desaliñado papel celofán. Dentro de este continuum de reacciones ante la compra de un artefacto con manual de instrucciones se encuentran también los ejemplares intermedios, cuya descripción no es única y sale de combinar azarosamente algunas de las características mencionadas anteriormente -este ejercicio quedará a entera voluntad del lector.

La forma en la que yo, personalmente, me vinculo con mis nuevos artefactos y sus manuales, no ha de ser discutida en esta publicación. De hecho, el fin era asbolutamente diferente y las líneas previamente redactadas surgieron de un acto meramente impulsivo. Mi respeto solemne por la improvisación y espontaneidad no me permite borrarlo, sometiéndome al estresante desafío de amalgamarlo con la idea original de la publicación, cuya iniciativa permanece despierta.

(...)

A fines de evitar el estrés, voy a ahorrarme formalidades y preámbulos, saltando abruptamente a mi objetivo original: publicar el instructivo con el que me topé en el manual de instrucciones de mi heladera. Aquí está, para todo el que quiera refrescar sus tardes estivales:


Cómo hacer hielo
  • Llene las cubeteras con agua hasta el borde de los cubos, evitando que ésta se derrame.
  • Espere a que el agua se congele totalmente.
  • Para utilizar los hielos flexione la cubetera.





miércoles, febrero 08, 2012

Paz





Estoy tan en paz que puedo franelear con el viento, mirar a los ojos al cielo.