miércoles, septiembre 12, 2007

Sub-20



Todas las otras cosas en las que me había fijado anteriormente cedieron su lugar sin mayores problemas y así, de repente como ocurre una mirada, toda imagen suya se correspondía con un ojo, un ojo manchado en el cristalino, un iris irregular como nunca lo había visto antes.



reviviendo.


20 años. Ya no sos la misma. Lo sentís mientras caminás por la calle, tu andar cambió y para bien. Es la actitud que hubieras querido tener a los quince para no cargar ahora con (todos) esos recuerdos de amores frustrados. Ahora es bien distinto. Sonrisas al espejo y un retoque al revoltoso peinado. Tu andar cambió. En la calle, hasta en el colectivo. Tomó su tiempo, es verdad, pero una construcción sólida no se derrumba así porque sí… ¿O sí?
Como un huracán imprevisto (y como tonta analogía) un hombrecito de dieciocho arrasa con tu nueva imagen y desploma tu pedestal. Otra vez la fea, la tonta, la aburrida e ignorante. Poco diálogo y menos aún belleza. La lengua se traba y es mejor callar. Tampoco es propicio reír si te acordás de esas fotos horrendas que siempre salteás en el álbum. Para colmo, los pies sucios, las piernas peludas y tu estúpida y sumamente ingenua imaginación haciéndote creer que los ojos más lindos del recinto te están mirando justo a vos. Pero ni te ilusionás, ya salió la perdedora del baúl.
Al principio te distrae mirarlo una y otra vez. Más tarde te causás gracia y por último bajas el mentón por (auto) compasión. Se siente como a los quince. Igual pero con veinte. El galancito con novia rompiéndote el corazón sin siquiera darse por enterado. Ladrón… mientras soñabas con él se llevó tu actitud.



viernes, agosto 31, 2007

Estoy, bien. (Un intento desesperado por expresarme)




“Aspirante II” se llamaba la lanchita.


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Me levanté creyendo que iría a repetir la rutina imbécil pero el cielo despejado cambió el rumbo y evitó otra mañana infructuosa. Hacía semanas que el frío paralizante, cuando no la lluvia, venía arruinando mis planes sin techo.
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Por consiguiente el desayuno fue mejor, lavar mis dientes fue mejor y ahí terminaron las actividades rutinarias porque abandoné mis estudios por unas horas de terraza. Al fin pude trasplantar mi palto, limpiar el cementerio de desechos de Luna, peinarla a la pobrecita, y usar nuevamente el secador de pisos y las infaltables ojotas con flores hawaianas.
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Con ansiedad vi llegar la hora de preparar la mochila y huir (qué lindo es huir). Luego sólo fue cuestión de ignorar al muchacho del colectivo que ocupaba un asiento y medio, a los otros inconvenientes del transporte y a la temperatura del viento. Porque acá en Tigre está hermoso pero el viento bastante inquieto.
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Como siempre miré atentamente cada tren y cada transeúnte. No me estampé contra el vidrio de la ventanilla como suelo hacerlo pero yo por eso no me jactaría de ninguna fortaleza. Bien sé por qué no lo hice.
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Ahorita mismo estacioné en las cuatro esquinas del río, que por su panorámica inigualable me encanta. Me causa un poco de gracia recordar que justifiqué este paseo con una necesidad de reflexión y de estudio relajado. ¡Lo que menos hago es pensar! Y ni hablar de estudiar. Bueno, quién dice que la iluminación no va a venir… mientras, sigo suspendida en la tontera.
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En el fondo (siempre en el fondo todo…) es probable que algo me preocupe. Venir hasta acá en busca de una situación inconcebible quizás. Porque tengo que confesar que hoy tuve un sueño que pudo haberme llevado a tal cosa. Qué horror pensar en que pueda ser así, que esto valga nada y yo sólo haya venido porque sentí que eso me pedían unos vientos del norte. Como si alguien me asegurara -pienso ahora- que los vientos del norte no van al sur (!).
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El titulito va para Vilches, que anda amante de las comas.

domingo, agosto 12, 2007

"Ceremonias de interior"

Supongo que debo estar en una etapa de transición. Por eso las escasas ganas de trasnochar en tumultos empalagosos. También por eso, quizás, el té y las canciones de Ray Charles, que me hacen sentir parte de esa Sintonía de Amor a la que siempre quise creer real.
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Estoy casi inmóvil. En lapsos de unos minutos me reincorporo en el sillón azul y doy un sorbo al té que milagrosamente se mantiene caliente. Ordenar a mis manos el tipeo me toma un poco más de tiempo (sería un texto larguísimo si transcribiera mis pensamientos desde que abrí el procesador). Luna recién ahora decidió calmarse y descansa en mis piernas, como si hubiera entendido el argumento de la imagen estática.
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Me pregunto ahora si no estoy yéndome a dormir por la extrema pereza que me impide llevar a cabo la rutina nocturna o si es por un insomnio que trato de ignorar. Me costaría pararme repentinamente para ir al baño, rompiendo el trance como si nada, arruinando la quietud que Luna ya comprendió.
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Un rato más. Un rato más y si me dan ganas me dispongo a colgar esto en la red, como para revivir un poco a mi rinconcito y contarle un poco más de mí. Que la quietud, que el goce de la quietud, el posible cambio, la satisfacción de estar cambiando.
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En un rato, sí.


martes, julio 24, 2007

m. Acción y efecto de bloquear(se).

Es paupérrimo (pau.pé.rri.mo) el deseo de subir algo pero hasta a mí me provoca algo de pena, junto con el disgusto, ver este espacio mío abandonado en la mayor expresión del abandono. Así que sólo voy a dejar testimonio de mis pocas ganas. Ante los no presentes testimonio formalmente mi escasa voluntad de crear algo relativamente bonito y/u horrendo, banal y/o interesante. Tal vez agregar un poco sobre mi vida actual, para hacer lo que se hace con ravioles y empanadas. Qué sé yo, no vengo nada mal, no me puedo quejar. Me quejo a menudo pero no debería o supuestamente no debería, a eso me refiero con que no puedo, se entiende (para qué lo explicaré si se entiende). Me sacaron una dócil muela de juicio, hay una exposición rural y el tiempo frío acobarda mis ganas de visitar el Tigre. Luego. Un poco de vacaciones, logros académicos y también una pizca de vacío. El vacío, ese debe ser el problema; la falta de algo. ¿La falta de qué? No puedo dilucidarlo, no puedo darle rostro, forma ni color. Lo que tengo bien en claro es que soy muy hábil para resaltar esas necesidades anónimas en momentos de regocijo. Es una pendejada, no hay que negarlo.
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Ahora, quizás, los quince días para meditarlo y sanarlo. Tengo ganas. Eso me llena un poco.

miércoles, junio 27, 2007

Esta tarde

Había un mundo afuera de las sábanas, las barrancas eran gratuitas y era fácil sentarse en ellas un rato finalmente. Tal vez la verdad es un poco más verdad así y lo improbable se hace imposible, tan sólo por impalpable. Y todo este color, este esfuerzo del sol por entibiar el viento, se convierte en el escenario enorme de una tristeza de mil actos.


Descubrí finalmente que en realidad es un enamoramiento con mi pena, conmigo apenada. La búsqueda de un romanticismo que todo lo puede por dentro pero jamás traduce a movimientos. El sentir puro y auténtico en alguien que luce miserable. Pude dedicarme unas veinte canciones y amarme con mi tristeza e incertidumbre, mi conocimiento absoluto de la nada y nulo de todo lo demás. Supe amarme pensándolo y llorándolo despacio, deseándolo como siempre o un poco más.

Quise hacer durar el día por muchísimo más tiempo del estipulado por las costumbres, tal como he querido prolongar el tiempo (o el destiempo, no sé) frente a una mesa de café o en una esquina de Las Heras. Porque supe sentirme a mí y puedo afirmarlo. Me entendí, feliz con mi pena eterna, incesante a pesar del contexto. Comprendí aquel vistazo al cielo en una noche de festejo embriagado, aquel suspiro en medio de un flirteo pasajero.

lunes, junio 11, 2007

mujeres viajeras, Dos

Y llegar a una Buenos Aires de ventanillas transpiradas. Volver a llegar pero en otro contexto, en un tren durante un invierno, verificando que la nostalgia es la misma y que la ciudad nos puede. De a poco ir guardando rostros en un cajoncito melancólico mientras Belgrano, desde allá abajo del puente, va trayéndonos unas obligaciones y una rutina que habíamos encomendádole guardar en el camino de ida.
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La neblina recuerda a una Londres jamás visitada, con el Big Ben porteño que decora Retiro. Tenemos que comentarlo para no volver a sentir ese nudo y dejar que el cajoncito siga acomodando. Nos reconforta planear nuevas formas de vivir nuestra Buenos Aires haciéndola un poco más Rosario, raleando hasta dejar una pequeña ciudad de barrios cálidos y siempreamigos. Asumir durante el cambio que sabemos acelerarnos tanto como la metrópolis, exagerando las responsabilidades sin entender ese andar ajetreado que nos estupidiza.
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Dos días en Rosario o quince en la Patagonia son lo mismo para la causa. De todos los viajes aprendemos algo y por eso es que viajamos.
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Nota al pie: Deleitoso sentir con los dedos torpes cómo se pierde la habilidad en el tipeo.

lunes, mayo 14, 2007

sad-ness





Aflicción, angustia, desconsuelo, pena, amargura, abatimiento, congoja, consternación, dolor, desdicha, nostalgia, sinsabor, melancolía, pesar, desolación. Tristeza.







La canción.